Como amante de los escape rooms, siempre intento disfrutar al máximo de cada partida, incluso con las peores. En mi caso, tengo que reconocer que incluso me motivo demasiado, ya que antes de empezar una sesión siempre me pongo muy nervioso.
La sensación a menudo me recuerda a ese sentimiento que tenía de pequeño antes de la noche de Reyes. Los nervios no me dejaban dormir, pues sabía que la mañana siguiente iba a ser el mejor día de mi vida.
Como niños
Pues sí, así es como me siento cada vez que voy a un escape room. Sé que la próxima hora se converetirá en algo mágico. Seré el héroe que salvará el mundo de un final apocalíptico. Es por ello que aprovecho todo el atrezzo de las salas para disfrazarme, meterme en el papel y disfrutar al máximo de cada minuto que paso dentro.
Desgraciadamente, esta emoción algunas pocas veces va acompañada del sentimiento totalmente opuesto. La decepción que en algunos casos, ya sea por el juego, por el grupo o por mí mismo, es lo que me acabo llevando de la experiencia.
Los peores escape room a los que me he enfrentado
A continuación os listo algunos de los fiascos que me he llevado en los peores escape rooms que he visitado:
1. El síndrome de Diógenes
Todos conocemos a alguien con apunta hacia esa enfermedad. Acumular cosas y más cosas (por no decir basura) en casa, hasta que no hay sitio ni siquiera para vivir decentemente.
Pues en algunas salas parece que ocurra lo mismo. La cantidad de muebles viejos, trastos y más trastos, cajones llenos de ropa vieja y un sinfín de cosas que no son útiles, acaban llenando habitaciones de escape rooms de todo el mundo.
No solo no sirve para nada y te frustra como jugador. Sino que además en muchas ocasiones acaban cogiendo polvo y suciedad tras pasar por tantos manos, cosa que se hace muy desagradable.
Así que sin lugar a dudas, en los escape rooms hay que aplicar la máxima de “menos, es más”.
2. La muerte de la lógica
Soy una persona muy racional, o eso es lo que me gusta pensar. Entiendo perfectamente que cada uno piensa de manera distinta y que la forma que tiene mi cabeza de funcionar es muy diferente a la de otra de gente.
De todos modos, cuando no hay lógica alguna, cuando simplemente hay que resolver un enigma de una manera concreta porque sí, o pasan cosas porque sí, mi mente racional explota y deja de disfrutar.
A veces paso por el aro. Pero cuando tengo que asumir que “lo normal” es ordenar una combinación de cuatro números de menor a mayor y probarlo en cada uno de los cuatro candados de cuatro cifras que hay en la habitación, muero un poco por dentro.
3. The wall
Crear un juego no es fácil. Y que todo fluya y la partida sea dinámica todo el tiempo, mucho menos. Siempre tiene que haber enigmas más fáciles y otros más complejos.
Pero a veces te encuentras un juego difícil en un punto en que no hay nada más que hacer. Provoca que todo el equipo esté parado mirando cómo uno de los integrantes no consigue resolver lo que tiene entre manos.
Los cuellos de botella son en cierto modo inevitables, pero cuando estos se convierten en un muro, se te cae encima y te quita todas las ganas de seguir avanzando.
4. Las segundas partes
Aunque lo de “segundas partes nunca fueran buenas” es tópico muy extendido en el cine, esto es algo que de normal no se suele dar en los escape rooms.
Las salas son cada vez mejores y los juegos nuevos de empresas que ya tenían una sala, acostumbran a despuntar. Desgraciadamente, siempre hay excepciones. Y en algunos casos te encuentras con juegos del mismo dueño que, aunque la ambientación no tienen nada que ver, son exactamente lo mismo.
Diseñar enigmas es todo un reto y que sean totalmente diferentes que los anteriores, no es nada fácil. Pero para poder crecer hay que tener nuevas ideas, no aprovechar las mismas con un lavado de cara.
5. El gran hermano
Está claro que la figura del game master es clave para el buen funcionamiento del juego. No solo se encarga de presentar la historia y charlar con el grupo tras la partida, sino que además debe de velar para que el juego sea fluido y todo funcione correctamente.
Pero pese a eso, el game master no debería de formar parte de la resolución del juego. Por muy espectacular que resulte que cuando el grupo forme con sus cuerpos una palabra se abra esa puerta, la sensación que se te queda al saber que «un ser superior» ha apretado un botón desde su cabina en ese momento es un poco agridulce.
Está claro que a veces automatizar ciertos enigmas es muy complicado, pero enterarte de que el game master abre los paneles manualmente desde su batcueva haciéndote creer que han sido tus habilidades decepciona a cualquiera. Así que mejor dejar las cámaras inteligentes para la NASA.
Conclusiones
Afortunadamente para mí, como comentaba anteriormente, encontrarte los peores escape rooms suele ser en contadas ocasiones. Pues el nivel de salas de escape que tenemos en Barcelona es muy alto y no está haciendo más que aumentar.
¿Qué tipo de escape room ha sido el peor que habéis visitado?
¡Sé el protagonista!
Así que si todavía no sois adictos a escapar, como un servidor, no lo dudéis. Venid a resolver el misterio de Mr. Ascott o a investigar las ruinas de Babilonia con vuestro grupo de exploradores. Porque a diferencia de la Noche de Reyes, ¡los escape rooms no son solo una noche al año!


